Diciembre 2013 - Enero 2014
Al salir de Buenos Aires, la idea era cruzar el charco, del lado oriental del Rio de la Plata. Me fuí por Panamericana para recorrer algunos kilómetros, pasar por el puente de Zarate, cruzar el Paraná y meterme en la provincia de Entre Ríos por Ruta 12, Litoral argentino. En el camino, un cartel que decía Paranacito 22 km. Mi amiga Mercedes Nieto en La Plata me había hablado del lugar, un pequeño pueblito ubicado en el Delta de rio Paraná, lo llaman la Venecia argentina. Entré al pueblito, unos chapusones en el río bajo
las miradas de unos pibes que veían a la Infernal como una especie de dibujo animado rodando por estas dimensiones. Seguí camino, quería ir al encuentro del amigo Nacho Benitez, cumpa de los carnavales humauaqueños. Por alguna razón desconocida estaba tan distraído que me pase unos 115 km de su ciudad Colón, llegué a Concordia. Busque un taller de soldaduras para hacerle unas modificaciones al catre de la kombi. En un barrio alejado del centro encontré el taller de El Nego, un muy buen tipo que junto a su nieto
pasamos un lindo rato mientras arreglábamos la kombi. Hasta me regaló dos cubiertas que me vinieron muy bien. En el camino me encontré con El Palmar, un lindo parque nacional en las orillas del rio, regado por miles de palmeras excéntricas, que de no haberme distraído, no hubiera llegado a conocer. El frio en la Patagonia pegaba sus azotes, el calor por esos lados, no se quedaba atrás. Me dispuse a llegar nomás a Colón, 4 de la tarde, la kombi ardía. Pero ahí me estaba esperando el amigo Nacho Benitez con birras bien
frías. Lindos días pasamos, nos metimos en pleno río Uruguay, remando un bote, para ver si sacábamos alguna boguita, pero la suerte estuvo más del lado del pez. Eso fue en Liebig un pequeño pueblito de unos 700 habitantes a pocos kilómetros de Colón, donde para amenizar la frustración pesquera le entramos a docena y media de empanadas regadas con unas cervezas heladas en un viejo bodegón. Esos días aproveché para pegarle una acomodada a la Infernal con la grata ayuda del cumpa Nacho, arreglamos la
conexión eléctrica después de que casi se prendiera fuego en Mardel. Las noches muy agradables en el patio de su morada, eran motivo de momentos musiqueros, extensas charlas algunas de las cuales terminaban a orillas del río mates de por medio para reflejar la luna en alguna línea descarnada que tirábamos solamente para olerle el alma al río. Pasamos la Navidad juntos, un par de días después seguí mi viaje, contento de haber visitado al Nacho, un cumpa querido. Antes de cruzar para Uruguay quería-tenía que
pasar por Gualeguaychú. Uno de los lugares paradigmáticos de los carnavales litoraleños. Pero mi paso por ese pueblo tenía su fundamento en la búsqueda de un personaje de esos que no salen ni en la televisión, ni son motivo de difusión por la frívola industria del entretenimiento que prevalece en estos tiempos. El Gran Gaucho, Don Augusto Romero, Poeta y guitarrero. En Pueblo Belgrano, a pocos kilómetros de Gualeguaychu (Entre Rios), me lo encontré. Gaucho en serio, y no de los que predican el Martín
Fierro usando bombacha elitista. Estuve un par de días en su humilde rancho. Contento por la visita, generosamente compartió su mate, su historia. Gatos y perros lo acompañan en la crudeza de los inviernos, en los azotes del verano bajo un plástico a dos aguas. Había conseguido unos pesos, me pidió que lo llevara a comprar una guitarra. ¨Quedate salteño, salgamos a tocar por ahí, me conocen mucho a mi...¨, me decía. Augusto destila sus sentires y pesares en la poesía, amores, desamores, recuerdos de a caballo. La ayuda en serio nunca llega de ¨arriba¨ para este eslabón perdido,
como lo llama Ricardo Iorio en la canción que le escribió; Aunque me di cuenta que este viejo jinete andariego prefiere vivir así, y no rodeado de otras miserias humanas que machacarían su libertad. Sus ánimos no daban para grabar algo, pero me regaló muchas copias de sus escritos. La gente lo saluda por las calles (arriba de la Infernal), lo quieren mucho, también algunos escuché prejuzgando su vida de ¨croto¨.
Después de semejante encuentro, ajusté algunas cosas y enfilé a pasar la noche en la costanera del pueblo. Ahí conocí a unos chicos
mendocinos que andaban en una estanciera y a otros chicos bonaerenses, en un viejo colectivo Mercedes Benz los años 50. Planeaban cruzar para el Uruguay, pero los chicos mendocinos, Marcos y su familia, perdieron a su perra, iban a esperar unos días más, con lo cual el viejo mercedes y la Infernal emprendieron el cruce al país oriental, pasando por el gran puente de Fray bentos, ciudad que tuvo lugar a controversias por la gran papelera allí instalada a orillas del Río Uruguay. Llegamos a Mercedes, donde pasamos la noche, ya en
tierras yoruguas. En el viejo mercedes viajaban Alejo (el capitán), Majo (la capitana), sus niños Moro y Valentina (nacida el mismo día que mi Arawi) y Fligth (su perro) una copada familia que decidió dejar la vida estática en la gran ciudad de Buenos Aires para comenzar su cotidianeidad en los caminos, haciendo unos talentosos cortes de pelo, vendiendo coloridas telas, o las interesantes plantitas kokedama. Descansamos y bien temprano seguimos camino, pasando por Cardoná , al llegar a Rosario dividimos caminos. Yo quería pasar por Montevideo, ellos evitarlo.
Seguí por Ruta 1 pasando por los márgenes de las ciudades de Colonia Valdense, Rafael Perraza y Ciudad del Plata. Desde Colonia me acompañaron unas chicas que estaban haciendo dedo, Marina y Melisa. Grata compañeras que cebaron unos mates hasta llegar a Montevideo en medio de una tarde increíble, con el sol alumbrándonos en un ángulo perfecto para que las aguas del Río de la Plata nos dieran una bienvenida fuera de serie. Unos fernecitos, parte del equipaje de mis compañeras, para ver morir la tarde sumergidos en las plateadas aguas. La Noche nos llevó a dar unas
vueltas por la ciudad, que sin conocerla, nos animábamos a recorrer sus calles, pasando por distintos climas, todos arriba de la Infernal, siempre dispuesta a meterse en caminos desconocidos y con sus interesantes peligros. Ellas siguieron viaje, rumbo Brasil, yo me instalé en una Estación de Servicios Ancap frente a la costanera en el barrio de Palermo. Caminé mucho por ahí, Barrio Sur, Plaza de la Independencia, Peatonal Sarandí, Mercado del Puerto (pensé que era un lugar barato), Parque Rodó, Plaza Matriz, Plaza Zabala, me tomé un café en un viejo bar llamado Los Beatles. La parte más
antigua de Montevideo es Barrio Sur, donde se encuentran sus raíces afrouruguayas más fuertes, casas añejas de colores, murales, donde todas las semanas salen cuerdas de candombe a resonar las calles a puro parche y baile, pude apreciar un par de esas movidas y sí que están compuestas de alto contenido energético. Estuve una semana viendo para donde arrancaba, solo conocí un amigo que estaba con una guitarra, Mauro quien me invitó a comer, conocer su familia y sus agraciadas violas. Era anestesiante ver los atardeceres en Montevideo, estar sentado mirando cómo se perdía el sol, de vez
en cuando algún gigante flotador sombreaba el horizonte eclipsando al Inti. Esas eran mis tardes en Montevideo después de caminar mucho, solo eso y pensar, pensar; tirarme unos chapuzones en el plateado rio, después pensar, pensar; comer unas de las mejores tortas fritas con mate alado del monumento a Iemanja (cultura yoruba, dueña de todos los mares), después pensar ,pensar; y cuando de a ratos al cielo se le ocurría baldear un poco el cemento, me encerraba en la kombi a pensar…. Comenzaba a leer y escuchar nuevas palabras como botija, gurises, bo, pá, tá… El año nuevo
llegaba y para recibirlo llevé mi bombo legüero, un par de cervezas, un arroyado de pollo, así solo frente al gran río, recibí el 2014 mirando como de los cientos de edificios salían ráfagas de colores. Era la primera vez que una fecha así estaba completamente solo, por momentos triste, pero el viaje era eso, salir y encontrarme en fechas “importantes”, sin ninguna compañía, sea donde sea. A la vez también pensaba lo acostumbrado que estamos a estar con alguien que nos aplaque los pesares. Vi mucha gente sola en la calle, que vivían esas fechas como cualquier otra, buscando
subsistir en medio de ciudades construidas para el goce de quienes mastican los sabores del capitalismo, o para quienes hipnotizados, colaboran con eso. Una cosa que me sorprendió gratamente, fue la cantidad de autos viejos antiguos funcionando no como un lujo, sino de uso cotidiano, con sus pinturas originales estrujadas. Mucho Fusca y mucha Kombi también por las calles uruguayas. Contento de haber conocido esta ciudad, salvo por algún loco que trabaja en Ancap, que rompió la patente de la kombi en un rato que salí por
ahí, cosas que pasan. También en unas de esas tardes lo cruce al gran músico uruguayo Jaime Ross, paseando por la rampla. Recién arrancaba el 2014, puse en marcha La Infernal dirección Este, por Ruta 1 dejando atrás a Montevideo. Pase por las ciudades de Atlántida, Jaureguiberry, Pan de azúcar, alzaba gente a dedo, compañeros viajeros con sus mochilas. Unos kilómetros antes de llegar a Punta del Este estaba parado un personaje de aquellos, el Fede Servetto Lias. Con el fuimos hasta Punta, donde me instale unos días para vender mis mantas de aguayo y carteras. Es un
balneario donde acuden argentinos, brasileros y uruguayos de alto poder adquisitivo a pasar sus vacaciones. Yates, autos carísimos, Harley Davison por todos lados, ahí andaba yo con la Infernal. Parado en alguna esquina vendiendo, en alguna otra durmiendo, en alguna otra cocinando un pollo frito con arroz en una garrafita, frente a un edificio donde los balcones eran jacuzzis, imaginen las caras. Terminada mi jornada laboral, que fue bastante positiva esos días (se vendía en dólares) agarraba el champú, el jabón y ante las elocuentes miradas del público, me daba un baño en la ducha de la
playa. Nos encontrábamos con el Fede y con su amigo el Brian Molina, a tomar unas cervezas por alguna esquina de la calle Gorlero, ellos venían de Maldonado, una ciudad cercana. Vendí bastante esos días, pero también parte de eso me lo jugué en el poker, Punta del Este ciudad poketera si las hay, las ganas de sentarme en las mesas de paño aparecían una vez más, no con buenos resultados, pero divirtiéndome un poco. En una mesa me encontré con un loco que trabajaba en los torneos de poker en Salta, casualidades. Una tarde antes de una gran tormenta grabé a
unos guitarreros que por ahí andaban tirándose algunas melodías, Marcos y Simón Ferreira, talentosos músicos que disipan su brillo por la ciudad. También con el amigo Fede grabamos alguito ahí en la calle Gorlero, algunas de sus poesías. El Fede con Brian y otros amigos más, se juntan en la plaza principal para largar su free style, a pasar el rato. Tuve suerte de encontrarme con estas personas, a pesar de pocos días compartidos, parecía conocerlos hace tiempo. Por otro lado me impactó ver en Punta del Este los síntomas de una sociedad que compite en ostentar a niveles alarmantes su ultra-
riqueza-material, mostrando lo opaco del espíritu y lo miserable que puede ser el humano con tan solo una mirada. Me acordaba mucho de Don Augusto Romero en Gualeguaychú, de su libertad.
Pasando por Maldonado me fui yendo más al Este, con el sol cayendo entré por una especie de tranquera como si sería la entrada de alguna finca, donde había un cartel que decía Barra de Valizas, la entrada a este hermoso pueblito de pescadores, unos 10 km adentro. Al llegar, se notaba una movida distinta a lo que había
visto en Punta. Artistas por todos lados, artesanos, casitas simples, pero con mucha personalidad, pocos autos, muchas bicicletas, y a unos pocos metros de una pequeña pero recurrida placita, está el mar al cual visitaba a cada rato (imposible no hacerlo). Me doy con la sorpresa de que mis amigos del viejo bondi mercedes (Alejo, Majo, Moro, Valen, y Fligh) andaban por ahí, nos encontramos y celebramos el momento con unas cervezas Norteñas (para mí, la más rica) bien frías, después de que con la ayuda del camión recolector de residuos sacamos al viejo y pesado Mercedes, al que
una colosal lluvia enterró en las profundidades de la tierra. Varios días increíbles, noches donde trabajábamos vendiendo nuestras cosas (alumbrados por lamparitas hechas con botellas de plástico, arena y velas), sándwiches de milanesa, artistas callejeros en varias esquinas. La siesta junto al mar leyendo algún libro o dándole a la viola, horas y horas mientras el sol me fritaba hasta los piojos. El pueblo tiene un interesante proyecto de saneamiento ecológico y gestión de residuos para evitar que el agua de sus pozos se contamine, ya que cada año reciben más turistas. En Valizas
también conocí a Ana Ale, diseñadora independiente de ropa, con quien tiempo más tarde me encontraría de casualidad en Río de Janeiro. También Eliana, una amiga uruguaya, Anabella una artista viajera con las cintas Poi, y al amigo charrua Leo Cardozo. La Infernal estaba estacionada a media cuadra de una placita donde se juntaban artistas viajeros, niños, un bar, el rockanroll de algunos pibes o el mío mismo no me dejaba dormir algunas veces. También conocí al dúo MorfiChupe, Darío y Gino, viajaban tocando unos tangos, altos personajes, altos músicos. Una mañana, recién me
estaba acostando y quienes me tocan la puerta de la kombi? Ulises y Jennifer, ya conocidos en anteriores relatos. Ellos venían viajando en moto y pincharon a unos kilómetros del pueblo. Salimos a buscarla, sacamos la rueda pinchada y nos fuimos a La Paloma, otro pueblo balneario y pescador. Ahí mismo arreglamos la rueda, volvimos a buscar la Yamaha y regresamos. Encontramos un estacionamiento donde había muchos motorhomes, lugar ideal. Conocimos al Pirata de los libros, un mendocino kombinauta,que vende libros en una de las esquinas de la ciudad, tambien a Marcos y su novia alemana que también andaban en una kombi.
Con ellos pasamos varios días, y buenos ratos en ese gran estacionamiento ubicado a pocos kms del centro de la ciudad. Con Uli y Jenny fuimos a pescar al puerto, algo sacamos, no usábamos caña, sino una botella a la que le adheríamos una línea. Las grandes tormentas aparecían días seguidos por las costas uruguayas. Una noche nos estábamos bañando en el puerto de la Armada, un señor nos dice que se venía una tormenta onda apocalíptica, que le había dicho la Marina, lo decía con tal parsimonia que parecía no preocuparle. Igual el cielo
era el mejor mensajero, así que rajamos para el lado de la ciudad. Mientras fritábamos unos pescados que habíamos atrapado rato antes, veo afuera de un bar, un pizarrón que tenía escrita la siguiente leyenda “Hoy Poker”, por supuesto terminé adentro de ese bar llamado “ El Café “, la tormenta apocalíptica nunca vino, pero fue una noche linda con los amigos poketeros del pueblo. Nos fuimos de La Paloma hasta La Pedrera, a pocos kilómetros. Otro pueblo balneario, donde nos pusimos a vender nuestras cosas.
Conocimos al amigo Luisito Fassi, cocinamos unas tortas fritas, apareció la gran tormenta nomás, la cual volteó un cartel que abolló la kombi. Un par de días y nos fuimos de vuelta a Valizas para encarar una caminata a Cabo Polonio por las dunas bordeando el mar. Cruzamos el río que separa Valizas de las dunas y encaramos una caminata de un par de horas por la arena, emulando caminar por el desierto, donde faltando una media hora para llegar al cabo ya se comienza a ver su faro y las casitas. Un pueblo pescador donde no se puede llegar con ningún vehículo más que los que
entran al lugar (son contados) o caminando unas horas como lo hicimos nosotros. El pueblo mantiene esa filosofía naturalista, hippie, pero por partes comienza a verse construcciones de gente más acaudalada que por ahí contrasta un poco con la onda del lugar. Estuvimos unas cuantas horas, recorrimos toda su costa, la punta, el faro, las playas y encaramos la vuelta. Agarramos la Infernal, la Yamaha y nos fuimos directo al próximo destino, Punta del Diablo. Los días comenzaban a ponerse lluviosos, Punta del Diablo era un
lugar que siempre había querido ir, será porque mi espíritu endiablado lo pedía. Es otro bonito pueblo pesquero, donde año tras año van cayendo más turistas. Comencé a tener unos problemas con una tos que me revolcaba al piso. Nos instalamos afuera de una escuelita. No se la razón, algo intuitivo me hace elegir de una sola vez el lugar donde frenare instalarme, que pocas veces lo cambio, talvez recorro un largo rato los lugares, pero cuando apago el motor, es porque es “el lugar”. Al frente de nosotros estaba
estacionado un Peugeot 105 rojo, patente argenta, ahí estaban unos personajes de Baires, el Nico Mazzeo y el Benja Roca con los que pegamos onda en las primeras palabras. Armamos una pequeña comunidad y para refugiarnos de la contundente lluvia nos pusimos en el patio de una casa desocupada. Cocinamos y nos pusimos a tocar unos temas. Al parecer algún vecino estaba disgustado con nuestra música y mientras nos fuimos a comprar unas birras, la policía no tardó en llegar indagando a la Jenny que había quedado sola , fue una situación graciosa, que se yo, la paz de los policías
preguntando , eran copados y quedamos en no generar “ruidos molestos”. Al otro día salí a buscar una farmacia, la tos seguía revolcándome en el piso, y en el camino me encuentro con el Alejo, si, el del Mercedes , andábamos encontrándonos en todos los pueblos. En las noches que la lluvia nos daba tregua, armábamos las mantas y vendíamos en una de las callecitas principales del pueblo, afuera del Bar Desigual de unos argentinos, Silvia, Roby y Keko, donde nos tomábamos algo para conectar nuestra psiquis a las redes cibernéticas. Conocimos una artista genial que estaba pintando el
lugar, Yesi Sanches , nos encontramos de vuelta al con Dúo MorfiChupi, también estaba el Guille Wienke un gran músico director de la orquesta Cuerdas Al Azar. Esos días a pesar de la lluvia, nos cagamos mucho de risa, la pasamos genial. Grabé una banda rosarina de tango, Adhoc, que andaba de pasada por ahí. Una noche fumamos unas ramitas, nos reímos tanto, Íbamos en la kombi en busca de un lugar donde pasaban algo de música y vendían unos tragos, un hostel creo, la cosa es que según el Nico Mazzeo para llegar a un lugar teníamos que doblar siempre a la izquierda, y así
dimos unas 5 vueltas a la misma manzanas, aplastando mi ollita compañera de tanto tiempo. También conocimos a Eduardo Jersey, un yorugua con zarpada onda, tiene un buffet donde vende comida a los trabajadores, un día mientras se caía el cielo a baldazaos, él estaba tocando unos tambores , así que con el Nico, el Uli, La Jenny, el Benja, el Alejo nos instalamos a hacer ruido acompañando los contundentes relámpagos, fue un momento tremendamente espiritual. Otro personaje que conocimos, fue el lugareño Carlitos Barboza, tiene unas cabañas para alquilar, fuimos a verlo para ver si
podíamos bañarnos. Nos invitó a comer en un galponcito depósito donde tenía un viejo auto mercedes, sacó una guitarra con amplificador, nos pusimos a zapar algunas melodías, no sé porque razón yo escuchaba todo parecido a Volver de Carlos Gardel, nos contó bocha de historias del pueblo, pasamos buenos ratos con el también. Mi tos lejos estaba de menguar, cada vez era más violenta y me tiraba al piso por unos minutos, Carlos me hizo un jarabe casero con cebolla y azúcar, así la fui piloteando. El Benja se volvía a Buenos Aires, Asi que con el Nico, Uli y Jenni dejamos Punta del
Diablo. Hicimos un paso fugaz por el Parque Nacional Santa teresa, entramos en su fortaleza,pegamos unas vueltas, una ducha y seguimos viaje. Llegamos a El Chuy, lugar fronterizo entre Uruguay y Brasil, separados por una Avenida, donde podes hacer un juego de zigzag diciendo estoy en Brasil, estoy en Uruguay, sin que nadie te lo prohíba.Hay una Zona Franca, donde caen brasileros, argentinos, uruguayos para aprovechar algunos “buenos” precios. Estuvimos unos días ahí, conocimos unos pibes: Emanuel, Guzman, Maxi, Joaquin, Iuri, Rafael, con los que compartimos
lindos ratos, fue loco escucharlos alternar el idioma entre portugués y español en medio de sus conversaciones. Cinco de febrero, mi cumpleaños, preparamos unas caipiriñhas inagurando las primeras cachazas Belo Barreiro aprovechadas por su bajo costo en el pueblo, comiendo un guisito de lentejas. Estacionados en el boulevard de la avenida, frente al casino (no había poker) a metro y medio litearles de Brasil. Acompañado por amigos muy queridos como Ulises, Jennifer y el Nico transcurrían las horas de esa noche derramando todo el existencialismo posible envuelto en
adrenalínicas emociones. Lejos de mi querencia, lejos de mi familia, lejos de mi nena que también estaba cumpliendo años, su primer año. Los días estaban fríos por el Chuy, la tos empeoraba cada vez más, tuve que visitar al médico de urgencia, quien me diagnosticó infección respiratoria, reposo (?) y antibióticos. El 6 de febrero, llegaba el momento de cruzar oficialmente al otro lado, Uli y Jenny volvían a su Mendoza natal en la Yamaha y con el Nico sellábamos nuestros pasaportes debajo de un solazo que alumbraba nuestro entusiasmo por entrar al Gran Brasil.
Los grandes Artistas con los que me encontré en esta parte del camino:
Don Augusto Romero:
Don Augusto Romero:
Según por ciertas teorías
de algún antiguo profeta
ayer existió un poeta
que hoy vive en la mente mía
y en ranchos y pulperias
donde se enciende un fogón
se nutre mi inspiración
por un don iluminado
obedeciendo al dictado
de aquella reencarnación
si el espíritu del hombre
se reencarna en otro ser
logrando permanecer
con distinta vida y nombre
aunque exista quien se asombre
por tener otras creencias
yo por ciertas experiencias
en esta razón me fundo
nadie sabe en este mundo
el principio de su existencia
sin tener ilustración
por las universidades
solo por las facultades
por natural intuición
sin tener mas instrucción
que a duras penas escribir
me gustaría ver venir
si es que existe en el planeta
el ilustrado poeta
que me quiera discutir
cuando el hombre en su creación
vio en si mismo su existencia
formó en el una creencia
que le llamo religión
creando en esa educación
una fuente de saber
ya que Dios a mi entender
algo invisible con nombre
imaginación del hombre
que lo convirtió en un ser
pues nadie podrá saber
con toda su inteligencia
de ande viene su existencia
y el principio de su ser
solo podremos creer
de lo que en otro tiempo fuimos
de que en el mundo existimos
y como en el mundo andamos
de que manera nos vamos
pero no de ande vinimos
hoy solo podemos leer
lo que el hombre primitivo
dejo impreso en sus archivos
para enseñarnos a creer
pero quien a de poder
con criterio discutir
o exactamente decir
con todas sus profecías
desde que tiempo existía
para cuando aprendió a escribir
al lograr su evolución
el hombre empleo su ciencia
y volcó su inteligencia
por su propia destrucción
y llevado por su ambición
siendo tan inteligente
hoy destruye ferozmente
sin detenerse un segundo
lo que tiene sobre el mundo
para vivir cómodamente
no es con tanta inteligencia
no descubren su importancia
en si mismo esa ignorancia
que destruye su existencia
y al avance de su ciencia
se ira destruyendo mas
ya que no podrá jamas
mientras no cambie de norma
podrán inventar la forma
de poder vivir en paz
si lograra meditar
sobre tanta destrucción
desterrando su ambición
y su modo de pensar
dedicándose a estudiar
pa' combatir el horror
comprendería con dolor
ante tales experiencias
que con menos inteligencia
viviría mucho mejor.
de algún antiguo profeta
ayer existió un poeta
que hoy vive en la mente mía
y en ranchos y pulperias
donde se enciende un fogón
se nutre mi inspiración
por un don iluminado
obedeciendo al dictado
de aquella reencarnación
si el espíritu del hombre
se reencarna en otro ser
logrando permanecer
con distinta vida y nombre
aunque exista quien se asombre
por tener otras creencias
yo por ciertas experiencias
en esta razón me fundo
nadie sabe en este mundo
el principio de su existencia
sin tener ilustración
por las universidades
solo por las facultades
por natural intuición
sin tener mas instrucción
que a duras penas escribir
me gustaría ver venir
si es que existe en el planeta
el ilustrado poeta
que me quiera discutir
cuando el hombre en su creación
vio en si mismo su existencia
formó en el una creencia
que le llamo religión
creando en esa educación
una fuente de saber
ya que Dios a mi entender
algo invisible con nombre
imaginación del hombre
que lo convirtió en un ser
pues nadie podrá saber
con toda su inteligencia
de ande viene su existencia
y el principio de su ser
solo podremos creer
de lo que en otro tiempo fuimos
de que en el mundo existimos
y como en el mundo andamos
de que manera nos vamos
pero no de ande vinimos
hoy solo podemos leer
lo que el hombre primitivo
dejo impreso en sus archivos
para enseñarnos a creer
pero quien a de poder
con criterio discutir
o exactamente decir
con todas sus profecías
desde que tiempo existía
para cuando aprendió a escribir
al lograr su evolución
el hombre empleo su ciencia
y volcó su inteligencia
por su propia destrucción
y llevado por su ambición
siendo tan inteligente
hoy destruye ferozmente
sin detenerse un segundo
lo que tiene sobre el mundo
para vivir cómodamente
no es con tanta inteligencia
no descubren su importancia
en si mismo esa ignorancia
que destruye su existencia
y al avance de su ciencia
se ira destruyendo mas
ya que no podrá jamas
mientras no cambie de norma
podrán inventar la forma
de poder vivir en paz
si lograra meditar
sobre tanta destrucción
desterrando su ambición
y su modo de pensar
dedicándose a estudiar
pa' combatir el horror
comprendería con dolor
ante tales experiencias
que con menos inteligencia
viviría mucho mejor.
El Nacho Benitez
El Fede Servetto Lias
Dúo Marcos y Simón Ferreyra
Adhoc: Tangos , Yesi Sanches: Pintura
Un malavarista con Fuego
Zapada con amigos







































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