viernes, 3 de enero de 2014

La Infernal llegó a las tierras mas australes, Ushuaia ¨El Fin del Mundo¨. Relato de la llegada, estadía y giro en 180º para recorrer otra inmensa parte de la Patagonía, la del invierno difícil, la que abrazó a nuestros pueblos originarios, La Rebelde





Río Gallegos, Estoy a 121 km del Estrecho de Magallanes en Punta Delgada pasando por Monte Aymond y el cruce fronterizo. Llego, primero de una fila de vehículos . Se veía venir La balsa que abría una compuerta, la bestia mecánica comenzó a parir autos provenientes de la isla. Señal para embarcar! Encaré esa compuerta hecha rampa para instalarme en la esquina más remota del ferry que tardó media hr en llegar a Bahía Azul. Ruta 257 ya en la Gran Tierra del Fuego compartida por Argentina y Chile. A 37 km de asfalto estaba Cerro Sombrero, comenzaba el ripio filoso por unos 100km.
Iba extasiado por el
atardecer, el sol parecía una inmensa mandarina escondiéndose en el Oeste. De pronto olor a goma, ruido y la kombi zarandeándose. Rueda trasera derecha totalmente desintegrada. Comenzaba a correr viento helado, la tarde había desgajado la enorme mandarina que se perdía en el Oeste.Cambié la goma y seguí unos 25 km para llegar al cruce fronterizo San Sebastián. Un café me vino muy bien para darle glucosa a las venas y continuar camino. El éxtasis volvía una vez más, difícil olvidar el soberbio reflejo de la luna alumbrando el Atlántico y la gran línea de cemento; De fondo el motor de la kombi, una melodía. En muchas ocasiones a lo largo del camino apagaba las luces de la Infernal (andando) para ver el dibujo de las sombras en medio de la estepa, este tramo no fue la excepción. Pase por fuera de Río Grande, hasta llegar a Tolhuin. Comenzaba a golpear la helada, los caminos escarchados eran más difíciles. Mis ansias por llegar al fin del mundo le daban su dosis de adrenalina a este tramo. La fosforescencia de la nieve preponderaba por donde mire. La policía caminera me obligó a poner las cadenas. Subí al techo congelado de la kombi, tiré las cadenas al piso y comencé a trabajar. Tenía varios eslabones rotos. Entré al pueblo para conseguir otras, estaba todo cerrado, las calles pura nieve, la kombi patinaba por donde pisaba. Vuelvo a ponerle las cadenas con arreglos precarios que hice, pero reventaron metiéndose en el eje de las ruedas. Las puse unas diez veces trabajando sobre el hielo, la idea de llegar a Ushuaia me impulsaba. Intenté varias horas, pero esas cadenas no Iban más. Puse la kombi en una estación de servicios y me dormí. Al primer rayo de luz, desinflé las gomas y salí despacio. Toda la ruta era una trampa sin cadenas, pero algo me decía que podía dominar la situación. Cruce Garibaldi, el lugar más peligroso del camino, Defensa Civil estaba trabajando por nieve desbarrancada. La kombi patinaba para salir, filas de autos me tocaban bocina. Pero la Infernal no se rendía, agarró algún pedazo de asfalto libre de hielo y crucé la cuesta contorneando el Lago Fagnano. Estaba cerca del primer gran objetivo. De a poco la ciudad iba dejándose ver. Los cerros y el Puerto me daban una de las mejores bienvenidas. El fuerte viento me depositaba junto con la Infernal en lugar más austral d el planeta, Ushuaia, el fin del mundo.                                                                                                                                                                         

Gran subida por calle 9 de Julio trepó la Infernal llegando a Hostel Los Lupinos. Me hospede por unos 25 días. De a poco aparecían los personajes: Luis Alvino Pereira, Jose Faletic, Facundo Nocetto, Andres Pacheco, Gabi Otero y Vicente Labate del Chalten, Mi coprovinciano Pablito Rodriguez Pontussi , Ale y Matías Mon , Fernanda Manzano, Fede Visser, Ayelen Tkaczuk (y su amiga Ariana), Juan Mior, Mariano Contreras, Nicolas Vuotto, Cristian Strumbergert, Facundo Aponte, Norberto Martin, Daniel Aqueveque, Guatvo Rizzo Arriola, Santiago Camba, Marcos Sperr, el tucumano Mario, Nacho Marino ( kombinauta),Tulio de Asis, Erika Datura, Fede Rocha Viegas y Rafa, Alex Sanchez, el cordobés Alejandro, Tommy, Leo y Martita del Hostel, y Pamela la perrita vecina. Con algunos compartí un par de charlas, con otros unas birras artesanales en Dublin( bar de la vuelta). Un día preparé una hoya grande de Anchi, postre bien norteño a base de maíz, algunos raspaban esa hoya, otros pensaban que era polenta, no les seducía como postre. El hostel fue un lugar que nos nucleaba coincidiendo en ese momento por diversas razones: aventura, trabajo, amor, escape, ilusión, incertidumbre.Mientras la nieve se desprendía del cielo, compartíamos nuestro existencialismo enroscados  en tableros de ajedrez, rincones guitarreros, cada uno en sus notebooks, mas algunas comidas de mesa popular. Pegué mucha onda con toda esa gente. También Facu Page y Pablito Logiudice , grandes tipos con los que jugué al poker y con los cuales conocí la ciudad. Me sorprendió ver el nombre de Popper, un asesino de Selk’nam (pueblos originarios) en una casa de deportes. Todavía hay historias ocultas en la Patagonia, historias que se tergiversaron para tapar los macabros acontecimientos llevados a cabo por los grandes latifundistas de la región. En Ushuaia los días eran cortos, en las tardes iba a vender los aguayos en las esquinas. Después de una noche de peña y terminando en un bar llamado Café Latino con los amigos Facundo y José, me hablaron de un grupo llamado Cantoral Fueguino, Chely Espinoza, Chueque Torres, Gerardo Areco, con los cuales tuve el gusto de compartir unos mates de Hilda ( compañera del Chely)  y grabar para el proyecto.

Esa misma tarde también estaba Alberto Gomez un cantautor fueguino ,también grabó unas canciones y nos contó parte de las historias que no conocemos, como la del anarquista Simón Radowitzky, Cayetano Santos Godinos (El Petiso Orejudo), Santiago Vaca (un salteño que aún vive y que tiene una historia de fuga muy interesante), todos ellos presos en la cárcel de Ushuaia que hoy es un museo.Llegó el momento de poner la kombi mirando para el otro lado y partir de Ushuaia. Con el amigo Pablito Pontussi  nos fuimos rumbo a Punta Arenas en Chile.
Pasamos el Paso Garibaldi (una sola rueda con clavos).

                                                                                                                                                                                                           







Luego del cruce fronterizo San Sebastián venían 150 km de ripio hacia el oeste, cruzando de noche por las orillas de la bahía Inútil. Cagados de frío, en medio de una ruta totalmente desolada. Situación extraña, nos pasaron un par de camionetas 4x4, después de media hora nos acercábamos a las mismas y entre medio de las dos iba un tipo caminando, era gordo y muy alto. Todo bien cumpa? Le preguntamos, respondiéndonos con el pulgar para arriba. Una especie de sacrificio por alguna promesa? algún entrenamiento a esas horas y con ese frío? vaya uno a saber. Llegamos a Puerto Porvenir, tipo 02:00 am. Pueblito muy lindo parecía, no se veía nadie, solo luces y camino
que nos fueron llevando al muelle donde descansaríamos durante un par de heladas horas antes de subirnos a la barcaza que nos cruzaría a Punta Arena. Nos encontramos con Maquitos Sperr de Ushuaia, ahí liquidamos las ultimas hojitas de coca que me quedaban para no sentir los síntomas del mar que se movía mucho (3 horas de cruce). Llegamos, buscamos hospedaje, teníamos un dato, la casa de Samuel y Marcela
(Samarce House). Ellos nos recibieron  muy bien y pasamos unos lindos días ahí mientras conocíamos la ciudad. Estando en Punta Arenas pude cambiar mi cámara, ya que ahí hay una Zona Franca. Intentamos vender algunas cosas no con tanta suerte, en el Carnaval de Invierno de la ciudad. Cuando volvíamos, unos pibes venían corriendo de la policía y uno descartó un cuchillo que me pasó por el costado y terminó alado del pie de Pablito. No pasó nada, siguieron corriendo. Comimos pichanga con un par de birras chilenas. Volvimos para Río Gallegos, el día se
transformó, comenzó a llover con viento fuerte. Cada vez que cruzábamos un camión con el agua y el viento La Infernal se movía para todos lados, nos mirábamos y nos cagabamos de risa. Llegamos, dormimos afuera de la terminal. Estaba escarchando del frío que hacía. Al otro día nos fuimos rumbo a Cabo Vírgenes, en el camino encontramos un cachorrito. Lo llevamos con nosotros. Pituca. Al llegar al camino que va al faro, era imposible seguir. Hicimos unos kilómetros, pero el diferencial y el escape de la kombi chocaban en los pozos que
había. Es una ruta que arreglan solo para verano. Me sentía un poco frustrado por no llegar. El amigo Pablito, personaje! se estaba volviendo para Ushuaia esa misma noche, como despedida nos sacamos una foto en el monumento a Evita. Gran viajecito nos pegamos juntos la verdad. Me había encariñado mucho con Pituca . Un par de días después estando en la plaza, pasó alguien con su niño, charlamos un rato, me dijeron que les gustaba el cachorro, ellos tenían una perrita y querían
otro para que crezcan juntos. Se los di, Pituca me miraba mientras se iba, una gran angustia sentía un rato después. El hombre me mando una foto al celular donde Pituca estaba durmiendo en un sillón dentro de su casa. Eso me dejó mucho más tranquilo, un par de días antes estaba abandonado en una ruta con frío. Por momentos había decidido que sea mi compañero de viaje. Todavía me da mucha impotencia ver perros en las calles mendigando amor y comida, mientras hay gente que sigue comprando animales de "raza". Pasa en el norte, pasa en el sur, pasa por que somos cualquier cosa.
Crucé la Patagonia, Este a Oeste en una gran diagonal de 458 km para llegar a Chaltén, tierra de senderos,  tierra donde escaladores de todo el mundo llegan para trepar el Fitz Roy. Fui a visitar al Gabi Otero y al Vicente Labate, que los había conocido en Ushuaia. Esos días estuvieron casi primaverales, lo que me permitió recorrer varios senderos, El Chorrillo de Salto, Laguna la torre (totalmente congelada), Laguna Capri, El Lago del Desierto, El Mirador de los Cóndores y algunas caminatas por el Río De Las Vueltas.

Estacioné la kombi en la casa del Vicent, con el cual pasamos unos días comiendo, escuchando música y charlando cosas que uno siempre encajona como buenas charlas ( La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando...  ) . Con el Gabi estuvimos compartiendo buenos ratos también, viendo tomas de la película que está haciendo: “Pueblo Chico, Invierno Grande”, película dirigida por él, filmada íntegramente en el pueblo y actuada por sus mismos vecinos. Es un lugar muy loco el Chaltén, casi mil habitantes, hay un conservatorio, hoteles, escuela, equipos de hockey (muy buenos a nivel nacional), una banda de Rock: “Los 7 Venas from del Monte”, Una de las más representativas de Santa Cruz. Pude charlar con Daniel Álvarez (El Sanjua), guitarrista de la banda me contó como comenzaron. Músicos bohemios que por alguna razón coincidieron en medio de la cordillera para hacer Rock. Daniel cantó una canción para América Sonora. También conocí a Paola Di Loreto cuando estuve vendiendo mis aguayos en la placita del
pueblo. Ella y su hija Lola me invitaron a comer en su casa, así que estuve compartiendo unos buenos ratos con ellas. Un día, en la misma placita se me acercaron unos chicos, Ulises Márquez y Jenny Fuentealba. Una pareja de mendocinos que andaba recorriendo a dedo la Patagonia chilena y argentina. No tardamos mucho en hacernos amigos, quedamos para salir juntos de Chaltén. Escribía y editaba en un pequeño bar en la entrada de pueblo, atendido por dos caribeñas. Loco, que hacen dos caribeñas en la cordillera con ese frío? Y así es El
Chalten. Estaba comenzando a helar fuerte. Desperté, abro la puerta de la kombi, el panorama era todo blanco, la Infernal tapada de nieve, no veía el Fitz Roy que hasta el día antes podía contemplarlo a cada segundo. Me despedí del Vicent y el Gabi con unas cervecitas y pizza. Al otro día temprano, casi no podía moverme del frío, 20 bajo cero. Me acuerdo que el parabrisas tenía una capa de medio centímetro endurecido de nieve, le di con un trapo y alcohol para tener un pequeño hueco por donde mirar, tenía las manos endurecidas del frío, había
perdido los guantes, estaba con unos de ferretería. Cuando estaba poniendo nafta, se me cayó un poquito en las manos, las agujas penetrando los huesos aparecían una vez más. La kombi arrancó luego de muchos intentos , lo primero que hice fue poner mis manos en el caño de escape, la única manera de aliviarlas. Después de esa secuencia, busqué al Uli y la Jenny para irnos. A medida que nos alejábamos de la cordillera, aparecía el sol, despidiéndonos del Chalten (montaña que tira humo en lengua tehuelche), del enorme Fitz Roy que pareciera ser el
vigía del pueblo, así lo fue para nuestros originarios. Agarramos la Ruta 288, de cordillera a mar para llegar hasta Puerto San Julián. Antes nos habíamos cruzado en Piedra Buena a un kombinauta que conocí en Chalén, Jorge. Sabía que en Puerto San Julián había un gran Faro, en el cabo Dañoso. Pero era imposible pasar, propiedad privada, y los pobladores poco saben de él. Otro faro frustrado. Costeando Puerto San Julián, pasamos por un frigorífico abandonado y encontramos un gran faro al fin, en cabo curioso. Llegamos a Caleta Olivia más o menos
6 de la tarde. Los chicos tenían que encontrarse en el Golosito (monumento al trabajador minero) con unos amigos, con los que se fueron luego a Cañadón Seco, pueblito que está a unos kilómetros. Me acuerdo haber leído de un torneo de Póker que comenzaba 8 pm. Eran las siete, sin bañarme después de varios días. Un par de hoteles me veían la pinta y no me daban hospedaje. Agarré el champú, el jabón y me metí en una estación de servicio. Faltando 15 minutos para que comience el torneo (no tenía ni idea donde era), me lave con agua fría en
un grifo del baño. Encontré el lugar y llegué justo para la acción, con buenos resultados.
Fui a Cañadón Seco, donde estaban los chicos. Conocí a Victoria y Ezequiel con su perrita Mora, dos personas muy copadas, hicieron un lugar para mí también. La pasamos muy bien esos días, comiendo, jugando a matar zombies, viendo algunas películas, yendo a Radatilly también. Me despedí de ellos y de mis amigos mendocinos rumbo a
Comodoro Rivadavia. Después de un viento,que más de 15 años que no había en “la ciudad del viento” y que dio vuelta un gran camión, me encontré con Facundo Chanta, amigo güemense de años. Compartimos varios días con su familia, Laura su señora, Ian y Teo, sus hijos. Recordamos cosas cuando tocábamos. Lindos días con esa familia que no veía hace tiempo. Un sábado nos pusimos a tomar fernet, escuchar Rock de los 80’y 90’ a todo lo que daba, tocar la viola. Yo llevaba conmigo una vieja guitarra acústica, que supo ser del Facu, se la regalé,
un reencuentro emocionante. Ese día también estaban Silvana Villegas con su hijo Vito que es amigo de Ian y Teo, y Cristian Vrill papá de Vito. Con Cristian grabamos un videíto para el proyecto, en compañía de su amigo Walter. El tiene una banda Heavy Metal llamada Vril y acaban de lanzar su primer disco, gran sonido. Esa noche tuve el gusto de ver cantar al maestro Rubén Patagonia. Una fecha especial donde estaba su familia, y la emoción de su pueblo escuchándolo después un  tiempo.
Me reencontré con Ulises y Jenny que venían de Caleta y agarramos de vuelta la Ruta 3 llegando a Trelew en la noche. Un par de días ahí, una multa por estacionar mal, visitamos el Centro Cultural por la Memoria, el antiguo aeropuerto donde se realizó la masacre de Trelew. Pasamos un toque por Rawson y nos fuimos a Puerto Madryn. Las ballenas ya nos estaban esperando desparramadas por toda la costa. Me encontré con un gran amigo de la infancia, Cristian Buitrago, El Buitre. Varios años que no nos veíamos, las horas de charlar pasaban muy rápido
tomándonos unos tintos, y recordando las travesuras que hacíamos de pendejos, soñar con el rock. Estuve en su casa, donde vive con su señora Laura Expósito, sus canes Loly y Tango. Fuimos a dar unas vueltas y tomarnos unos mates por Gayman. Grabamos una zamba de Atahualpa y Aznar con Laura, muy linda voz. Ella es nieta de Virgilio Expósito y sobrina de Homero Expósito, los Jagger y Richard del Tango (Naranjo en Flor, Maquillaje, Oro Falso…). También conocí a un kombinauta en Madryn, Guillermo Reynoso, quien me invito a comer un asadito y tomar unos vinos con su grupo, su kombi es Rita, una linda T3. Con Ulises y la Jenny nos fuimos a
saludar un poco a las ballenas. Una increíble tarde en las Canteras cerca de las playas el Dorado. Ahí estaban ellas, las enormes del mar, enseñándoles a sus crías a subsistir. Nosotros llevando al extremo nuestra emoción, conectando ese encuentro con algunas canciones, elevando a la enésima potencia nuestra capacidad de admiración para
con La Pacha, cayendo sobre nosotros a la vez el peso de nuestra desidia e ignorancia como especie (me putié con uno que tiro unos plásticos mientras pescaba alado de las ballenas). Esa tarde me despedí de los chicos, ellos volvían a Mendoza para acomodar sus proyectos. Yo me fui a ver a Don Eusebio Rosas, padre de Edgardo Rosas quien me recibió en la Dirección de Cultura para recomendarme a su viejo. Don Eusebio me regaló algunos de sus cantos en lengua Mapuche, y me contó cosas de su infancia, de los campos patagónicos. Me despedí de
mi cumpa Cristian y Laura para irme rumbo a la Península de Valdez. Lobitos marinos, pájaros de infinidad de especies (uno me atacó para robarme el sanguche), quirquinchos (se acercaron a saludarme, posta!), elefantes marinos que se ven en muy pocos lugares. Además es el único sitio del mundo donde pueden verse las Orcas realizar las técnicas de varamiento intencional, cazando sus presas para sobrevivir. Puerto Pirámides, el pueblito que está en la península, ahí conocí a Eduardo Medina, quien vive hace varios años en el puerto, trabajando en una
planta desalinizadora de agua. La poesía y el canto lo acompañan en la cotidianidad, su canción “Sacándole sal al mar”, que gentilmente grabó para este proyecto viajero, es una muestra de ello. La Infernal alado de un gran fósil fue la última postal para despedirme de la Península de Valdez. San Antonio Oeste, próximo pueblo, ahí me esperaba otro gran amigo de mis pagos, el Guille Svendsen y Marianela su compañera. Recorrimos las costas, el viejo Puerto San Antonio Este, una playa minada de caracoles, especies marinas que debido a la gran marea baja
pueden observarse en los atardeceres, también Las Grutas y barcos viejos que guardan algunas historias. El fútbol apareció en la Patagonia, me di cuenta de mi mal estado, pero fue un gran momento de risas, quemando energías (y...) luego repuestas por un gran cordero patagónico que el Guille tenía preparado. Gran experiencia vivimos juntos, una liberación de Cóndores en cautiverio en las Sierras Payleman, cerca de Sierra Grande, unos 180 km de ripio.
Todo precedido de un ritual encabezado por representantes de nuestros Pueblos Originarios de distintas Regiones. Me acuerdo de Maxi también, amigo de Guille que estuvo esa tarde. Fue un momento alucinante ver a los Cóndores encontrarse por primera vez en las alturas, midiendo el viento, desplazando de a poco sus alas, despertando el instinto que lo hace dueño de las alturas.

 Me despedí del Guille y de May, saliendo para Beltrán en el Valle de Choele Choel. Ahí me estaba
esperando Nuria Jelin, hermana del amigo kombinauta Diego Jelin. Me quedé un par de días en su casa, La Mesong, donde viven también el amigo Carliño, Juan, Cortito (el can guardián, un capo) y sus hermanos felinos. Los chicos llevan una vida más tranquila por el Valle, comidas naturales, construcciones de barro, prácticas de yoga, música. Comparten esta forma de vida con otros amigos también, Roberta, Catriel, Pablo, Sathya. La última noche que me quede en el Valle, salió una zapada, la cual quedó registrada en una canción.




Río Colorado, un cartel con un gran jabalí, eso indicaba que estaba por los últimos kilómetros de la Gran
Patagonia, esa inmensa tierra llena de guanacos, liebres, zorros, cóndores, ñandúes de un lado… ballenas, quirquinchos, estepa y horizonte marino del otro. Esa Patagonia que durante varios y largos meses me pegó algunas palizas entre el viento que zarandeaba a la Infernal, el frío que atravesaba su chapón, los tejidos de las mantas, y la carne misma. Pero sobre todo me hizo saber que uno no puede creerse más que la tierra, uno es una circunstancia en sus millones de años. Sus hermosos bosques, sus azules lagos, sus sierras y mesetas, son un patrimonio para los sentidos. Pero la Patagonia también vio drenar sangre, sangre exprimida por la codicia del hombre que se creyó y se cree superior a otros. Usando la aplanadora de un sistema que ellos llamaron civilización, para matar a sangre fría Tehuelches, Mapuches, Selk’nans, Haus, Onas, Yamanas, que no entendían de propiedad privada. El Remington de poper y del chancho colorado mac kenan, el poder económico de latifundistas que hoy tienen conocidos comercios, la corrupción y alma atravesada de los funcionarios… todo eso los aniquiló, los llevó a los museos, para alambrar los territorios, para traer las pestes, las religiones, las clases, la "riqueza", la miseria, la esclavitud.
 Largas rutas anduvimos con la Infernal, enormes distancias, pueblitos en medio de los cerros y estepas llegaron al centro de mi psiquis y corazón, ahí estarán, para siempre. Me encontré con amigos de años, y con nuevos. Alucinante haberlos conocido a todos, en serio, sobre todo a los no humanos. Nos volveremos a ver Patagonia Rebelde! Hasta la Victoria Siempre, Infernalmente!

PATAGONIA : TODAS LAS FOTOS



VIDEOS DE LOS ARTISTAS CON LOS QUE ME ENCONTRÉ EN ESTE TRAMO: 
































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