viernes, 1 de noviembre de 2013

la Infernal rodando por la cruda estepa, sobre hielo y nieve en la mística Ruta 40. Entendiendo de que se trata la Patagonia, su temperamental viento y sus grandes distancias, en medio de la mas hostíl de las estaciones





                                                                                                Tercera semana del mes de Junio (2013). Después de haber compartido con grandes músicos patagónicos en Esquel, llegó el momento de retomar la Ruta 40. Tecka fue el primer pueblo donde paré , lugar donde descansan los restos del Cacique Inancayal. Ahí me estaban esperando unas tortas fritas hechas por Cecilia Chamblat. Ella se acercó un día que estaba vendiendo en Esquel y prometió esperarme con panes que ella misma prepara.
                                                                                                      Así fue que junto con su marido tomamos café y charlamos un buen rato acompañados con sus perros. Estaba comenzando a caer la tarde, así que arranqué de vuelta por la ruta. El pueblo siguiente fue Gorbernador Costa, por el cual pasé solo por su boulevard y del cual recuerdo una enorme carreta que pareciera ser un antiguo vagón; también las paredes azul y blancas del Club Social y Deportivo Gob Costa. Entre medio de antiguas y pintorescas casas me fui yendo del lugar.
Un cruce indicaba que hacia la izquierda por la ruta 63 se llegaba a Gral José de San Martin, pero el frío y el viento estaban comenzando a contarme de que se trataba la cosa por esos lares, así que decidí seguir por la ruta ya con la noche que comenzaba a darle misticismo a la 40. Desde Salta hasta estas tierras anduve sin GPS, se me había roto y me negué a comprar otro. Según el mapa la próxima parada era en Alto Río Senger, pero no aparecía en los pocos carteles que había por esa zona. Seguí andando un poco confundido, leyendo las indicaciones que me llevaban a Sarmiento, lo cual no estaba en mis planes.
Pasaron unos 330 km mas o menos desde que salí de Esquel y La Infernal me pidió un poco de nafta, siempre llevo un bidón para cuando le agarra sed. Fue algo accidentado el asunto por lo que volqué un buen poco de nafta al suelo. Comenzaba a preocuparme por que con ese combustible no llegaría a Sarmiento que estaba a unos 120 km. Mas allá, un cartel indicaba un desvío hacia un pueblo llamado Facundo. Al llegar al lugar, unos 7 km adentro, pregunté en un pequeño almacén donde podría encontrar nafta.
La señora que atendía me indico un lugar, pero al llegar estaba cerrado, golpeé mis manos muchas veces para ver si salia alguien, salieron unos 6 perros, pero ellos no podían venderme, solamente tirarme unos ladridos a modo de custodia al producto petroquímico. Solo un misterioso auto de vidrios polarizados que seguía todos mis movimientos era lo que podía ver en la única calle del pueblo. Me fui volviendo a la ruta.
El misterioso auto me pasó a toda velocidad, yo seguía tranquilo, esperando el lugar donde me quedaría a dormir varado en la ruta, hasta donde alcancen las gotas de nafta que olfatearía La Infernal. De repente llegué a un cruce, Ruta 22 la cual me indicaba que a unos 45 km estaba Río Mayo, donde volvería a encontrarme con la Ruta 40. El misterioso auto estaba parado en un gran santuario que parecía ser del Gauchito Gil, como guiándome de alguna manera, por que gracias a que estaba parado ahí vi el cartel del cruce. Después de eso, nunca mas lo vi.
Llegué a Río Mayo contento por encontrar el camino. Lo primero que hice fue poner nafta, lo segundo clavarme un buen sandwich de milanesa, tercero dormir, eran casi las 01:00 am. Al otro día recorrí un poco el pueblo y arranqué por caminos de ripio, 123 km cruzando viejos guardaganados, pasando el cruce de las antenas, hasta llegar a Perito Moreno, localidad que se encuentra ya en la Provincia de Santa Cruz. Di unas vueltas y me fui hasta Los Antiguos costeando el Lago Buenos Aires, uno de los 4 lagos mas grandes de América del Sur.
Al llegar a Los Antiguos anduve un poco por sus calles, pensando si me quedaba o si cruzaba a Chile Chico. Saqué unas fotos en el lindo monumento al Tehuelche que tienen ahí y decidí volver a la 40, con La Infernal teníamos ganas de quemar asfalto, así que en el marco de un fantástico atardecer debajo de un asteroide que dibujaba los cielos, volvimos a Perito Moreno. En una YPF cargué combustible, me tomé un café y conocí a una chica buena onda, Stefanía Petraglia; Charlamos un poco y le sacó un par de fotos a la Infernal.
Volví a la 40, un excelente asfalto por esa zona, y el frío comenzaba a golpear las chapas de la kombi, y el cuero del que escribe. La calefacción no me andaba, y comencé a darme cuenta de por que la gente viaja en verano por esos lados. Las luces de la Infernal eran las únicas en cientos de kilómetros. Alguna vez cruzaba una que otra camioneta minera que se perdía entre la inmensa estepa. Después de haber hecho 130 km, llegué a un pequeño puesto, llamado Bajo Caracoles, el frío estaba escarchando los vidrios de la kombi.
Pregunté en un hospedaje pero el precio era demasiado, así que decidí dormir en mi kombi después de comer unas latas de sardinas, tapado con las mantas hasta los pelos, y tomándome un buen trago de ginebra para amenizar un poco el momento dominado por el frío. Al otro día arranqué para Cueva de las Manos. Después de haberle errado a un camino de mas de 100 km de ripio , retomé el camino correcto, unos 50 km de ripio para pasar por una geografía alucinante.
                                                                                                          El Cañadon del Río Pinturas, donde se encuentra la magnífica Cueva de las manos. Pinturas rupestres, expresiones artísticas de las más antiguas de los pueblos sudamericanos, siendo declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Ahí conocí a otro personaje muy copado, Luis " Lokito" Saavedra, guía del lugar, con el cual compartimos unas charlas mientras recorríamos.
Era el momento de regresar a Bajo Caracoles, cargar combustible y seguir , bajo uno de los mejores atardeceres patagónicos del viaje. Los Ñandúes, familias de Guanacos y Zorros corrían esas duras estepas como para acompañarme en la desolada ruta. A pocos kilómetros me encontré de vuelta con el ripio, por unos casi 100 km para pasar por Las Horquetas, desde ahí 60 kms de asfalto hasta llegar a Riera, para volver a encontrarme con el camino de ripio que me llevaría a Gdor Gregores. Nuevamente las bajas temperaturas acompañadas del fuerte viento comenzaban a presionar la moral de uno.
Este tramo de 70 km fue uno de los mas extraños, ya que en un momento la ruta comenzaba a estrecharse, a inmiscuirse cada vez mas entre los campos, no cruzaba a nadie solo viento y mucho frío. Comenzaba a pensar las formas de abrigarme para poder pasar la noche. La Infernal seguía, y seguía, ni las piedras, ni el viento, ni el frío la paraban. De casualidad pude ver un brillo muy lejos, era un cartel indicando que Gregores estaba como a 30 km. Eso subió un poco mi autoestima, así que le di hasta llegar al lugar.
Eran como las 00:00 hrs , la temperatura estaba bajo cero. Conseguí un pequeño hotel, donde pude comer y dormir, si dormía afuera moría congelado, eso seguro. Temprano arranqué la kombi , cargué agua para el mate y salí de Gregores (antes llamado Cañadon León) , lugar que se encuentra en el Valle del Río Chico, fue habitado por los Aonikenk hasta comienzos del siglo XX, tambien fué el reducto del gran Facón Grande, martir de la Patagonia Rebelde.
Unos 114 kms de asfalto observando el Lago Cardiel hasta Estancia La Julia, donde comienza de vuelta el ripio por 95 kms mas, hasta llegar a Tres Lagos. Necesitaba comer y cargar combustible. Una pequeña estación de servicios 2 kms antes de llegar al lugar estaba cerrada, así que comencé a buscar. Conseguí alguien que me vendió a 20 pesos el litro, cuando el litro estaba en la patagonia sur a 5,60 pesos (subsidiada), pero bueno, había que continuar el viaje. El frío estaba pegando muy fuerte, unos 10 grados bajo cero; la cabeza comienza revolver las cuestiones mentales en un juego cíclico de emociones.
Me envolví con las colchas y así iba manejando rumbo a El Calafate. Estaba a punto de nevar y sin calefacción, ya casi no sentía los pies, a pesar de tres pares de media, mas teniendo el motor de la kombi atrás, me iba congelando literalmente. En un momento agarré la botella de ginebra y le dí un par de espirituosos tragos, comencé a sentir como se estimulaba mi sangre de pié a cabeza. Paré donde había una vista panorámica hacia el Lago Viedma, cerca del cruce con la Ruta 23 que va al Chalten, para que quede registrado fotográficamente ese momento.
Al pasar por Estancia La Leona , unos kilómetros mas tuve una gran bienvenida a esas latitudes; Se trataba de cinco cóndores que descendieron como a 20 metros de la ruta, paré la kombi alucinado. Estuve observándolos un buen rato, ya el frío no me importaba mucho, estaba viendo al gran Kuntur, verlos así en comunidad y tan cerca fue uno de los momentos mas sublimes hasta ahora. Me despedí del dueño de los aires y después de unos 90 kms llegué a El Calafate.
La nieve se desprendía de los cielos y necesitaba buscar un lugar para hospedarme . Encontré un Hostel bien tranquilo, Las Carretas de Samuel y Mary, donde conocí al amigo Lukas Soto con el que compartimos largas charlas entre comidas y cervezas. Después de un par de días en el hostel, salí una mañana bien temprano, dejé descansar a La Infernal y me tomé un micro hasta el Glaciar Perito Moreno. Estaba lloviendo finito, agua nieve. Conocí a un par de chicas inglesas, Chloe y Natasha, a David Page jr y Reilly, locos de esos pagos también y Raul de Misiones.
Con ellos recorrimos los andamios de los glaciares, y embarcamos para ver esos gigantes monstruos de hielo, que de vez en cuando se manifestaban con unos desgarradores rugidos, sonidos difíciles de olvidar. Después volvimos a la ciudad a tomarnos unas cervezas entre el poco inglés que yo hablo mas el poco español de ellos, pero pasamos un lindo rato. Necesitaba ponerme a vender para seguir adelante, pero la nieve y el viento me la hacían difícil. Un día pasé por un lugar, y vi que organizaban un torneo de Poker.
Allá en Güemes, con mis amigos nos juntábamos a jugar un poco, entonces decidí intentarlo. Eramos 20, pocos para un torneo, pero las cosas se me dieron muy bien y lo gané. Estaba contento, de esa forma podría seguir adelante con el proyecto. Al otro día fui a cargar combustible para retomar la ruta, y la Infernal comenzó a patinar en los suelos escarchados. De a poco fui llevándola a un lugar para comprar unas cadenas, el amigo Lukas Soto me acompaño y justo a metros del lugar se nos quedó atascada la kombi en la nieve. Elegí unas cadenas y entre las diversas dificultades las colocamos en las ruedas traseras para poder caminar en la nieve con La Infernal.
                                                                                                Busqué provisiones y me las tomé del Calafate, despidiéndome del amigo Lukas. Iba despacio por las rutas nevadas, tenía puestas las cadenas, rara y emocionante sensación sentía, por que a pesar del clima con la Infernal seguíamos dándole a la 40, mas solitaria que nunca por la inmensidad de esa Patagónia. Llegó la Cuesta de Miguez , uno de los lugares mas complicados bajo estas condiciones climáticas, lugar testigo de varios accidentes, no era recomendable pasar por ahí para nada, pero mis ganas de seguir pudieron más.
                                                                                                Despacio el motor boxer de la kombi movía esas cadenas en las ruedas para trepar los 600 metros de altura que a lo largo de 10 km te posicionan en las congeladas nubes de la cuesta, que durante el tiempo que duró ese paso, La infernal era un pequeño zeppelin acariciando el mismísimo cielo. En el momento que bajé a sacar la foto (portada) la sensación de frío era como pequeñas agujas rasguñando los huesos. Volví unos diez kms para sacarla, mientras mentalmente debatía si valía la pena o no.


Unos kilómetros más allá, bajé a sacar las cadenas, ya consumidas por el asfalto. El próximo lugar donde paré, después de 160 kms fue La Esperanza. Ahí a pesar de mi voluntad, tuve que dejar la Ruta 40, estaba cortada por la nieve, y en vez de dirigirme hasta Río Turbio como tenía pensado, agarré la Ruta 5 camino a Río Gallegos.
Cargando combustible en La Esperanza, un par de cumpas se acercaron para preguntarme si los podía llevar a Gallegos. Mas vale les dije, arrancamos tomándonos unos mates. Miguel un Salteño de Capital y Carlos un Jujeño de Perico, muy cerca de mis Pagos Güemenses, así que rápido nos entendimos. Llegamos a Río Gallegos, previo un control de gendarmería que las muy bajas temperaturas agilizaron. Los changos me invitaron a comer unas milangas a la napolinata y me convidaron con hojas de coca, lo cual produjo una gran emoción en mi, volver a armar un acullico en mis mandíbulas, genial!.
Pasé la noche en el hospedaje Elcira. La mañana siguiente arrancó sacando el hielo del parabrisas de la kombi, para avanzar hacia el Estrecho de Magallanes, y encontrarme con las tierras mas australes, las tierras de los Yaganes, de los Onas, la Tierra del Fuego.






Los espero por el canal de You tube AMÉRICA SONORA , donde podrán ver videos de músicos grabados a lo largo del viaje.



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